Tengo un arco iris guardado, por si algún día, no sé cómo ni con qué pretexto, llegues a extrañarme.
Y es que quizás no te des cuenta, cuánto se te extraña aquí, de este lado del sol. La ilusión no para de comentarle a la esperanza, la posibilidad, esa ínfima, de que preguntes por mí. Ni de eso, de que te acuerdes de mis huesos, nomás.
Hoy, hace un año que le comentaba a la luna, cantando, que no había nada más fino que el filo de su silencio. Cierto es, que en ese tiempo, sólo ella brillaba sin ocaso alguno. Sólo ella era dueña de todas y cada una de mis inútiles palabras de amor.
Pero, bueno, cambié mis 63 lunas por un sol. Dejé, así mismo, de escribir luna con mayúscula, dejé de mirarla, dejé de pensar en cada una de sus fases y en cualquiera de sus eclipses. Para sólo pensar en vos.
Creo que, de entre todas tus cualidades, la de saber doler, es la que más haz perfeccionado con el paso de los días. Claro, por supuesto, sin siquiera saberlo.
Siempre traté de que el corazón fuera el que diera el sí correspondiente. Que fuera él, quien se encargase de los asuntos que la razón desconoce. Que fuera él, quien recuerde tus delirios peligrosos. Que fuera él, el último en olvidar. Creo que no fue una de mis mejores ideas.
Y bueno, creo que sólo queda desearte que seas muy feliz. Aquí, en mi corazón, tienes un lugar para siempre. Yo no olvido recordarte, espero que vos tampoco.
Y es que quizás no te des cuenta, cuánto se te extraña aquí, de este lado del sol. La ilusión no para de comentarle a la esperanza, la posibilidad, esa ínfima, de que preguntes por mí. Ni de eso, de que te acuerdes de mis huesos, nomás.
Hoy, hace un año que le comentaba a la luna, cantando, que no había nada más fino que el filo de su silencio. Cierto es, que en ese tiempo, sólo ella brillaba sin ocaso alguno. Sólo ella era dueña de todas y cada una de mis inútiles palabras de amor.
Pero, bueno, cambié mis 63 lunas por un sol. Dejé, así mismo, de escribir luna con mayúscula, dejé de mirarla, dejé de pensar en cada una de sus fases y en cualquiera de sus eclipses. Para sólo pensar en vos.
Creo que, de entre todas tus cualidades, la de saber doler, es la que más haz perfeccionado con el paso de los días. Claro, por supuesto, sin siquiera saberlo.
Siempre traté de que el corazón fuera el que diera el sí correspondiente. Que fuera él, quien se encargase de los asuntos que la razón desconoce. Que fuera él, quien recuerde tus delirios peligrosos. Que fuera él, el último en olvidar. Creo que no fue una de mis mejores ideas.
Y bueno, creo que sólo queda desearte que seas muy feliz. Aquí, en mi corazón, tienes un lugar para siempre. Yo no olvido recordarte, espero que vos tampoco.
★ Escuchando: Receta ★

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